Hugo Ángel

Un cronista de tiempo y espacio

La fotografía se construye a partir del camino personal de quién quiere asumir su trabajo como arte, además de técnica. En este punto, el fotógrafo es capaz de articular un discurso visual con historias del mundo que desea relatar utilizando símbolos reconocibles, ya la imagen surge a partir del mundo físico. Desde aquí, surge un arte que va más allá del simple constatar la realidad.
Las imágenes que se plasman a través del arte fotográfico, requieren de un “ojo” que sabe utilizar la cámara con una sensibilidad que lleva a un aparato mecánico aparentemente “insensible”, a una dimensión que, aunque no se comporta como el pincel (extensión del aparto nervioso del pintor), articula un mundo, una realidad paralela, crea un contexto de expresión estética, congela un momento del tiempo para transformarlo en una imagen que se sustenta como elemento testimonial.
El arte fotográfico crea un mundo de códigos que van más allá de un mero producto técnico, pues se torna en un reflejo de la realidad visto a través del filtro de las ideas del fotógrafo. El autor gatilla un obturador y capta la realidad — la congela — la reflexiona y da un paso más allá, le da un contexto en la cual lo objetivo se mezcla con lo subjetivo, creando un nuevo contexto.
La técnica, es congruente a la experiencia de su autor y se suma a la sensibilidad conceptual y simbólica con la cuál el fotógrafo capta una imagen de la realidad. De cómo elabora e interpreta la semiología de la imagen.
Claro que la definición de una imagen está influida por la precisión del equipo, ya sea desde la utilización de románticas cámara análogas; sofisticados equipos de más o menos pixeles; o incluso, la utilización de los actuales celulares con mayores o menores limitaciones, todas, da como resultado definir una imagen. De manera que, para un artista de la fotografía, lograr esa profundidad sensible e interpretativa se obtiene a partir del diálogo de la escena, el encuadre y el momento preciso en que el artista está convencido que todo su conocimiento técnico y experiencia dialogan con el obturador… En ese momento, el “click” ha detenido el tiempo y comienza la articulación de la realidad en el laboratorio o en el computador y ya es otra cosa; como decíamos, la constatación cede terreno a la creación.
La herramienta tecnológica ha servido para construir un código visual en la cual, se comprobará que la cámara no hace un mejor fotógrafo, sino, que lo hará caminar un derrotero como un artista que correrá riesgos interpretativos por parte del espectador, criticable o celebrado, pero sabe que su creación visual, personal, le pertenece y aunque refleja estructuras visuales reconocibles, también se nutre de la imaginación, capacidad intelectual, referencias inmediatas y profunda.
Hugo Angel pertenece a este linaje de fotógrafos cuyo trabajo tiene esa claridad de entrega conceptual, sigue utilizando cámaras análogas que se niegan a claudicar ante el arrollador avance tecnológico, pero que, sin embargo, recogen diferentes dimensiones del quehacer humano.
Su catálogo, muestra la inmensa paleta de color que proviene de los grises, el medio tono donde se encuentra la luz y la oscuridad, tal como sus modelos humanos y ambientes recreados. Así, encontramos códigos semióticos que nos refieren hacia un abanico de situaciones que no dejan impávido; asociamos la miseria social humana, miradas sin futuro, apagadas… pero también en su profundidad, rescatamos esa fragilidad que nos hace mirar el espejo de la vida que nos devuelve nuestra propia fragilidad; ya no somos meros observadores, sino también protagonistas de la escena del tiempo. Gitanos, gente común, ancianos y la propia muerte, son retratadas en seres que ya no están, pero que la escena fotográfica se ha encargado de atrapar. Un cadáver nos muestra su paz; una segunda escena, la sábana de una cama vacía, la última huella antes del olvido.
Hugo Angel, no constata simplemente, sino que imprime su visión de la vida, haciendo que su trabajo sea un vívido recorrido por la fragilidad de la vida misma con sus luces y oscuridades, es un recorrido por la existencia misma, al desnudo.

HECHIMA

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