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La ignorancia obscena sobre del sentido del mundo

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La declaración de los poetas del paisaje, expuesta por Gastón Soublette en la conversa con el amigo Theodoro Elssaca, me hizo pensar en aquellos paisajes vitales, generalmente ignorados o subvalorados. El paisaje de la propia sangre, del músculo y del alma, en la integración plena vital, articulada por el motor del respirar y el contexto planetario de nuestra casa. El entendimiento de quién eres como parte integral de la naturaleza, como primer paisaje. Porque generalmente vemos todo afuera y nada adentro, hasta que ese paisaje falla y desde la enfermedad nos reconocemos especie. Esa desarticulación nos hace tejer la cultura en torno actividades, funciones y posiciones, generalmente impuestas a las masas por la doctrina gobernante de turno, y no en la armonía del plan natural, sino en la posesión y no en el goce. La naturaleza sabia madre nos re-articula ese desdén ignorante, nos alinea, con el premio de cosechar de nuestras obscenas costumbres, devolviéndonos en el espejo de los años nuestros residuos, virus y bacterias, sobre nuestra generación que hoy aúlla, pero por sobre todo sobre las generaciones que vienen. Convivir solos, en la estrechez del mundo aparentemente propio, y en disonancia con la realidad de un planeta en convivencia múltiple, nos lleva a creer en el paisaje del rol, del supuesto bienestar social. Sin embargo el multiverso, nos concierne como el aire que respiramos. No hay un paisaje igual al otro, no hay un árbol igual al otro, ni una colonia de bacterias, ni una red de dendritas idénticas, sin embargo se nos presiona a suscribir, mediante artilugios pseudo políticos, que estamos representados bajo el promedio de índole social, entretejidos bajo el  órgano de la patria. Despertar de ese paisaje me parece relevante. La habitabilidad es humana y planetaria, y es enteramente personal y a veces arbitraria. Hoy por hoy, a pesar de lo que nos enseñan en la escuela, los árboles no se desgastan en nuestras narices, los chipeamos, los ignoramos; ¡Qué decir de nuestra ausencia cognoscitiva, emocional, espiritual sobre el funcionamiento ecológico real!. Salir del engaño del promedio, subir la montaña interna, desde el propio yo, es la única forma de re-entendernos y desde allí comprender a las otras especies como iguales, en el contexto del plan natural que Soublette comenta. Ello, solo ocurre en la flagrancia del respeto, que nace en la propia alma, incluso después de un golpe. Soublette me hizo pensar en el abismo profundo que sostenemos sobre el funcionamiento de Gaiia, y en la vasta necedad de no querer conocer, cuál es la estructura y el funcionamiento de nuestro propio cuerpo. Reconocer nuestra fragilidad llega con los años, y comprender la importancia de una brizna, una especie o de un glaciar a veces no llega. El gran sentido del mundo, o el Tao según Soublette, se mueve, no es estático, ¿Entonces por qué dejar la mente situada en un recoveco tan pequeño? Los constructos abstractos conviven en la mente como ladrillos, pudiendo ser alas, pasos, vientos, luces, nuevos entendimientos. Este modo de hablar de forma disgregada desde un área del conocimiento nos vuelve ególatras y muchas veces violentos, nuestro problema no es económico, político ni meramente ecológico. Acaso no será ese el valor de los poetas, que susurran, bosquejan, o gritan, en sentidos en donde todo se funde, o acaso será ese el brillo de los locos y de los que prefieren salir del río y enfrentar la inercia de un golpe que da la orilla pedregosa, el canto valiente que necesitamos para construir nuevas respuestas?. Ya lo decía Huidobro, crear conlleva un nuevo paisaje inexistente. ¿Será eso re-crear nuestros bosques, nuestros ríos, nuestros hijos, la propia baranda de nuestro desarrollo?. Desde el arte, el lenguaje del Cocebro construye nuevos paisajes, pues en este meta lenguaje impuesto, los sillones mullidos son el bien digno. Las palabras de Gastón Soublette, nos devuelve a los dolores con sangre y tuercas, inspiraciones y hastíos, desde el dolor del desarraigo y el monstruoso deseo de lo sexual como eje, él teje su “Ciudad Amarga”. Terminada la entrevista vuelvo a contemplar el crepitar de una hoja en el silencio y en la belleza de su cadencia me desintegro. El tiempo orquesta el cuarto movimiento.  ¿Cuál es el paisaje que más ama el que lee este escrito?. ¿Cuáles son los paisajes que nuestra cultura replica en las aulas de las escuelas básicas, medias y universitarias, en la sala de clase de la tele?. El irrefrenable sentido del mundo que Gastón señala, más allá del hombre poderoso, sino en su matriz de especie, nos favorece el espejo, y espejarnos. Somos bichos depredadores que deben caer para que Gaiia vuelva a resplandecer, o brillar de otra forma. Sólo la flagrancia del respeto por permitir al otro poder gozar de ese gran sentido, permitirá la sobrevivencia de la especie. Si el poeta, quiere morir hoy, que lo haga, en el respeto flagrante del goce vital del otro. Nuevas palabras se asoman en la poética: sustentable, ecología, resiliencia, autopoiesis, economía, amabilidad, reeducarse, reeducarnos…..

Cristián Belmar Gallardo

Valpoesía

Entrevista a Gastón Soublette

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