Editorial

La poesía o el lenguaje del Cocebro

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La poesía como nervadura raíz y dendrita que puede reactivar los estancos del lenguaje, desde allí, transforma la cultura en entendimiento, porque somos sumatoria de diversidades y no promedio cultural.

La poesía invita a la ciencia a besar su origen, roza la filosofía sin ser ella, pues su verdad cabe en el poeta que la canta o la llora en algún espejo de ojos, en el que rebota  y queda dando botes. La poesía ama el arte sin candados ni precio, a pesar que su valor es inconmensurable; distingue con claridad absoluta, que economía y ecología nacen de la misma madre, la casa, el hogar, el planeta, la vida.

La poesía vuelve a su casa el Cocebro entre corazón y cerebro. Vuelve a salar sobre la herida y a acunar los dolores personales y sociales, a colarse en las ecuaciones, en las calculadoras, en las esquelas digitales. Siempre está, pero se devela y descubrirla no es trámite, es una pasión sin límite ni regla. La poesía empuja al lenguaje, por lo tanto, transforma culturalmente.

La poesía hoy gime en las escuelas, atrapada curricularmente con corona de texto lírico; es un perro amarrado en el living; mea la alfombra; su rabia muerde la cuerda, la corta. La poesía agita el follaje de los libros; la poesía que viaja en la respiración es el único ultraje que cesa; sus cenizas son las brasas que en la memoria palpitan en palabras y gestos; en la belleza de un detalle; en la simpleza de la complejidad; en un garabato al viento; entre un bosque de oquedades.

Cada verso es un poeta y un poeta son mil versos, la poesía barre el encadenamiento numérico de los eslabones, se desgaja de un pincel y su jugo de color se imprime en el celaje. Los números  son esquejes de los versos; imaginar un cero y hacer de ello irrefutable, es tan real como la delicada huella que dejó en mis labios sus labios: ¿Acaso no nos multiplicamos al amar? ¿Y nos restamos al sufrir?

La matemática del amor y la ciencia del verbo, son el alma cultural que todo lo nutre. La poesía volverá a los carteles publicitarios; se enjugará en la servilleta que limpia tu boca; vuelve a la calle, a acompañar con raíz firme la pobre visión de economistas ciegos que lloran pérdidas gananciales y cuando enferman, vuelven a reentender el camino de la sangre.

La poesía vuelve a empollar su grito, sale de la hoja; escapa del píxel; se “entrecuela” en las rendijas insolentes de un producto y lo vuelve nata. Nuevamente, los satisfactores se vuelven necesidades.

La poesía es y se hace calle, volverá a imprimirse en todas las etiquetas; brillará en los alimentos; brillará en los edificios; brillará en las pantallas.

La poesía viene a enfermarnos de humanidad.

La poesía viene ancha y yo la empujo

Su energía me nutre…

Ola y poderoso golpe

Pequeño batir

Su maraña transforma…

Redefine… reentiende

¡Resucita!…..

Cristián Belmar Gallardo

Valpoesía

Ciclo de entrevistas Valpoesía y Fundación Iberoamericana

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