No llores, todavía sé quién eres…

NO LLORES, TODAVÍA SE QUIEN ERES

Mi amor,
me estoy volviendo loco,
se me está olvidando todo,
con decirte que hoy
almorcé a las ocho de la mañana
y ahora recién a las dos de la tarde
me acordé que debo tomar desayuno...

Mi amor ya no recuerdo cómo te llamas,
pero sé que tú eres mi amor,
la de ojos prendidos como lámpara,
la de piernas lisas como vidrio,
la de nariz asimétrica como tus dientes,
la de labios tibios como muerto recién muerto,
la de ombligo redondo como la boca de una botella,
esa eres tu cariño
si, esa eres tú,
estoy seguro que eres tú,
y aunque esta locura a borrado casi todo
de mi memoria,
aun no logra eliminar las imágenes bellas
que llevo de ti por años....

Mi amor, me estoy volviendo loco,
en este cuarto pequeño donde escribo
voy perdiendo la memoria a diario
y voy dejando algunas pistas de usted
para que nadie dude del amor que yo le tengo...

Sé que más tarde estarás aquí conmigo
y a la noche dormirás a mi lado,
pero ya no sé cuándo es de tarde
o cuando es de noche,
lo sabré cuando hagamos el amor,
en ese instante siempre se dónde estoy
y recuerdo cómo te llamas
porque te nombro y te nombro
y tú al instante te pones más bella,
me abrazas fuerte,
me dices que me amas,
yo también te digo lo mismo,
sin embargo,
me da tristeza mirarte a los ojos
porque a veces te he visto llorar...

-Miguel Pérez-

 

Miguel Pérez Ronda, 39 años, poeta de Valparaíso, lleva 10 años leyendo sus versos en distintos lugares de la ciudad y regiones.
Es un poeta que escribe a lo vivencial y pretende llegar a las masas: “a esos que los poetas clásicos no tienen intención de llegar” -dice-, y esa es su propuesta, romper con la figura mítica del poeta “elevado por las nubes”, aquél intelectual tocado por las musas. Se resiste a pertenecer a cofradías cerradas.

Participa de los ciclos de Tertulias regularmente y aunque causa reacción, provocando al oyente, su poesía finalmente logra cautivar la curiosidad de los presentes.

Alzheimer es un poema profundo y presente en la vida de muchas familias. Trae el poder de sus versos, la capacidad de reflexionar y crear conciencia de amor y respeto, por aquellos que han fragmentado las memorias de su vida.

Hechima.

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